Continuando con la idea de compartir las motivaciones que empujan a los aikidocas a comenzar y continuar esta maravillosa actividad, hoy quiero manifestar la segunda de estas posibles razones.
Es importante tener en cuenta que cada uno de estos motivos tiene siempre una cara brillante y otra más oscura. Ninguna razón para hace Aikido es mala si no se lleva al extremo.
Por tanto hablaremos de la siguiente motivación que puede identificarse en no pocos practicantes: el reconocimiento.
El ser humano es un ser social. Debido a esto vive y se expresa a través de una comunidad. Esta comunidad en el caso del practicante de aikido es el dojo al que pertenece en primera instancia, la(s) asociacion(es) en las que participa, los cursos y seminarios a los que asiste.
En cada una de estas comunidades, más o menos cercanas, o encuentros más o menos esporádicos a todo practicante le gusta sentirse reconocido y a su vez reconocer la valía de otros. No hay nada de malo en ello.
Sentir que nuestro entorno nos aprecia como elemento valioso, no necesariamente por nuestro nivel técnico, sino como persona integral que enriquece la comunidad y aporta valor al grupo es una aspiración legítima y necesaria en la expresión social del ser humano.
Numerosos practicantes encuentran que el respaldo de las comunidades de aikido a las que pertenecen les hacen ser más generosos, más amables, mejores practicantes y mejores personas. Igualmente sucede así con los profesores y maestros, que lo son no sólo porque su conocimiento y nivel técnico así lo avalan sino en gran medida porque una comunidad de practicantes se lo hacen saber de forma implícita.
Es más, hay una parte fundamental de la etiqueta del aikido que se centra en la formalizción de este reconocimiento entre los practicantes.
Sin embargo hay, como decía, una cara oscura de esto. Cuando la búsqueda del reconocimiento ajena se acentúa, cuando se necesita ser adulado, cuando se tergiversan prácticas, mensajes, ejemplos sólo por el deseo de generar admiración, esta motivación mal entendida degenera en un problema.
Sin duda todos conocemos practicantes y profesores que prefieren exhibirse que enseñar, figurar en los papeles que aportar verdadero valor, ser adulados y halagados que buscar la opinión sincera de otros.
Cuando esto se produce, el ego ha ganado la partida, la autocomplacencia y la consideración de ser uno más y mejor que los demás anida en el corazón de tales personas. Entonces esas “estrellas”, esos grandes nombres, esos falsos ídolos son humo vacío, que han abandonado el camino del aprendizaje, la actitud del principiante, para convertirse en estatuas sin vida, sin sincera búsqueda interior.
Permanecer atento a esto es labor personal de cada cual, de uno mismo
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Las razones para practicar aikido (II)