Existen una infinidad de razones para empezar a hacer Aikido y para continuar su práctica. En muchas ocasiones no acertamos a precisar por qué estamos involucrados en este maravilloso esfuerzo, y, si ya estamos dando clase o tenemos compañeros que recién han comenzado su andadura, quizá nos vendría bien tener un punto de vista más concreto sobre esta cuestión.

Sin ánimo de querer decirle a nadie como debe pensar, animo a todos a realizar una reflexión personal, particular, introspectiva en las razones que nos impulsan a estar donde estamos y a progresar en este camino.

Si somos capaces de conocer nuestros propios impulsos y nuestras propias razones, quizá podamos ver en el fondo del corazón de quienes nos acompañan estas u otras motivaciones que nos ayuden a todos a realizar esta estupenda travesía con buen ánimo y mejor comapñía.

La primera de las motivaciones que nos hacen empezar y continuar en esta práctica es la busqueda de SEGURIDAD personal. Por primera no quiero decir en modo alguno la más importante, tan sólo que por alguna hay que empezar.

En este caso, sí que tiene que ver con mi experiencia personal. Cuando yo me acerqué por primera vez a las artes marciales, siendo niño, había una parte importante de búsqueda de seguridad personal. Esta seguridad, que también podemos llamar autoconfianza está relacionada con la necesidad de sentirse seguro, capaz.

Por supuesto y dependiendo de la situación de cada cual y de su experiencia a lo largo de la vida, la seguridad apela también a la seguridad física derivada del estudio de un sistema marcial, pero considero que en este caso, aún siendo real y presente, es más la seguridad en el carácter que la propia resolución llamémosle “física”. Por suerte ésta última la he tenido que emplear en poquísimas ocasiones y siempre lamentando tener que llegar a semejante situación que ha devenido en inevitable.

La seguridad a la que me refiero es sobre todo la coherencia en la experiencia vital que nos puede proporcionar el involucrarnos en una actividad donde el esfuerzo se recompensa, las directrices de avance están relacionadas con mis propias aportaciones, el conocimiento se aprecia y en la que poco a poco vamos descubriendo nuevas pautas, principios y experiencias que nos hacen sentir que aprendemos, que mejoramos, y que en alguna medida podemos dominar, administrar.

Esta sensación de ser dueño del propio destino, al menos en parte, hace que el Aikido, o cualquier otro arte marcial, practicado con ilusión y entusiasmo, haga crecer la seguridad en uno mismo, la confianza en las propias capacidades, la propia valoración personal.

Pero esta razón, como todas las que se van a exponer, tienen su cara oculta, menos amable. La búsqueda de la seguridad puede llevarme a dudar excesivamente de todo, a pretender encontrar técnicas perfectas o soluciones universales que alejen para siempre cualquier problema. Cuando esta búsqueda se vuelve compulsiva, enfermiza, intransigente entonces debemos replantear nuestras motivaciones.

Los sistemas, los conocimientos y las personas no son perfectos. Pretender sentirme omnipotente, omnipresente, omnisciente, a prueba de toda prueba, es una quimera que a la larga es autodestructiva, porque acaba conduciendo al autoengaño, la pedantería y la frustración. Permitir al ego personal dominar la propia vivencia a través de la búsqueda de una seguridad inalcanzable, deja fuera fantásticas experiencias vitales basadas en mi yo falsable, dudable… humano.

Las razones para practicar aikido (I)